Un sol radiante de noviembre. La seguridad del lugar esta a cargo de dos duendes despintados de material muy precario que vigilan la entrada; sin embargo en la vereda se observan autos mal estacionados y muy deteriorados que claramente ya están pasados de su vida útil. El Turco estaciona donde quiere y empieza a entusiasmarse al escuchar los gritos de felicidad por doquier que salen desde adentro.
Como no puede ser de otra manera, la puerta está abierta.
Es Ley y tradición: a las once se encuentran todos en lo de los tíos, la casa mas justicialista de Parque Patricios sobre Av. Caseros.
Los 13 primos no se reunían desde el día del padre, que tuvo lugar en una de las parrillas del Club Comunicaciones.
Niños, adultos y ancianos recorren el lugar admirando la decoración Feng Shui, llamadores de ángeles, portarretratos familiares y sahumerios, que juntos, logran el ambiente ideal para este tipo de reuniones familiares.
Mientras suena de fondo el disco “Entre Líneas” de Alberto Cortez, los vecinos se van poniendo al tanto del gran evento; la salsa bolognesa que preparan invade por completo cualquier cosa susceptible de absorber olores, incluso a kilómetros.
En el salón comedor, se acaba de terminar de armar una gran hilera de mesas desniveladas cubiertas con manteles plásticos a florcitas y/o frutas varias (depende la sección) que no son mas que el soporte para la vajilla y los utensilios de modelos discontinuos que cada quien trajo de su casa.
No pueden faltar: jugo de pera, vino y soda.
Mientras tanto, en la cocina, Vanesa y Patricia discuten cuestiones culinarias con la tía Blanca. Con esta bestia no se puede discutir sobre este ámbito; pesa 142 kilos. Su dieta se basa en puros hidratos de carbono y carnes varias. Experta en lemoncello, no concibe que le indiquen cómo manejarse en su hábitat natural. Sus amigas?, las cuatro hornallas. Con su curso de costura en la mercería del barrio y otro de pastelería que brindó la parroquia, no hay forma de hacerle entender que a los demás sí les puede llegar a interesar algunas verduras en su plato principal.
En otro rincón, mientras pelan maníes, los muchachos hablan con Fabián, quien hace alarde del último jean que compró en el Stone de Munro. Intercambian opiniones de fútbol y del trabajo que los atormenta (fabricas, locutorios y kioscos son algunos ejemplos).
Al fin la mesa está servida. Un fuentón gigante de raviolones y otro mas grande de la famosa y ya mencionada salsa invaden y dominan la situación por completo. Las charlas, risas y malos modales no afectan la continuidad del almuerzo.
No conformes con todo el veneno y alcohol ingeridos, se entusiasman con la idea del postre. Un tiramisú casero hecho con amor y Casancrem se abre paso entre todos. La persona encargada del asunto fue la abuela, un ser de 84 años que huele al peor de los demonios y asusta aun mas con su aspecto de cuentos de la cripta. Aplausos para ella y rompe el llanto.
Todo es perfecto y armónico. Varios disfrutan de la siesta del domingo por la tarde. Ricardo y Alberto se unen al juego de canasta de las mujeres al mismo tiempo que Aldo medita en el baño con una revista de “Condorito” que encontró mientras revolvía cajones.
Llegada la puesta del sol, cada familia partirá de regreso donde su vida tendrá sentido únicamente porque el próximo domingo se encontrarán nuevamente para disfrutar de otro domingo genial, o no.
Saludos
Hercules Gomes
Music
jueves, 9 de agosto de 2007
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